Un buen samaritano

La parábola del buen samaritano es una de las más conocidas y populares de la biblia. El héroe de esta escritura es el Samaritano. Para los judíos, los samaritanos eran personas despreciables y preferían voltear la cara a tener que saludar o llegar a atender a un miembro de este pueblo.

En Juan 4:9 la Biblia nos habla un poco sobre la relación que tenían.

¿Cómo se te ocurre pedirme agua, si tú eres judío y yo soy samaritana:

La mayoría de los judíos odiaban a los samaritanos, así que ver a Jesús con uno de ellos  era una tremenda ofensa a su orgullo. Imaginemos por un momento que una persona no nos cae bien, seguramente hay alguien en nuestra vida con quien no nos sentimos muy a gusto, por ejemplo alguien que es muy religioso para pensar, o muy legalista o estructurado en su vida.

Quizás alguien que tiene una forma de hablar que no parece muy amorosa, o tal vez hable mucho y no permita que los demás hablen; quizás sea alguien que dañó tu corazón en algún momento, o le hizo daño a alguien que quieres mucho. De cualquier forma, quien sea esa persona que no te cae muy bien, seguramente sería la última persona a la que irías por ayuda. ¿No es cierto?

Sin embargo, Jesús nos llama en esta parábola a imitar el corazón del buen samaritano, a dejar de lado los prejuicios que podemos tener y a entregar el corazón por las demás personas.

Date la oportunidad de experimentar la compasión que Dios tiene por ti y deja que otros se involucren contigo, para que te conozcan y te ayuden a llevar la carga.

Cristo quiere que hagamos algo por quienes están perdidos, no imitemos el mal ejemplo del sacerdote o el levita en la parábola, sino démonos la oportunidad de entregar a otros la compasión que por gracia hemos recibido.

By. Kevyn Chon