Significar algo en la vida de alguien

Experimentar un milagro es algo, que sin duda, todas las personas anhelamos y esperamos con ansias…  Que alivio sentimos cuando algo inesperado e imposible ocurre; algo que le da un brillo especial a nuestros ojos; una fresca esperanza a nuestro futuro; un nuevo despertar lleno de fe y alegría. Algo que posiblemente no merecemos, pero que pedimos con fervor, y cuando llega, es una sensación inigualable. ¡Sí, eso es lo que provoca un milagro en nuestras vidas!
En nuestra naturaleza humana, nos encanta recibir, nos encanta que nos den y sorprendan. ¡Es una satisfacción tan grande! Pero, por qué no le damos un giro a todo esto.
Imaginemos ser nosotros el milagro para alguien más. Puede ser que no logremos siempre cambiar las circunstancias negativas o ser la solución del problema de otros, pero sí podemos acompañar a esas personas a no atravesar las dificultades por ellos solos, o en el mejor de los casos, a estar en sus momentos importantes y de alegría.
En una situación específica de mi vida, aprendí muchas cosas, pero la que más me hizo crecer fue el saber que habían personas, (no muchas, pero las necesarias) a mi alrededor. Personas que estaban realmente preocupándose por mí, escuchándome, dándome un consejo y hasta llorando conmigo si era necesario. Eso significo tanto, y aunque probablemente no hizo un cambio en mi situación, sí hizo un cambio en mí, y no me refiero específicamente a un cambio en mis emociones y sentimientos de ese momento (aunque sucedió), sino a un cambio en poder pensar y preocuparme más en otras personas. Verdaderamente no sabemos las necesidades que están pasando, pero podemos llegar en el momento justo para hacer de su día algo mucho mejor.

 

Visitar a un anciano que está en un asilo y que tal vez lleva meses sin recibir una visita. Compartir un juguete con una niña, que puede ser que jamás haya ni siquiera visto uno. Secar las lágrimas de tu mejor amiga mientras llora desconsoladamente por una ruptura amorosa. Dar un abrazo que demuestra la felicidad que sientes al ver a tu familia. Desear un hermoso día acompañado de una sonrisa al entrar a un lugar.

 

Todo lo anterior puede parecer algo pequeño, pero para otros, puede ser una respuesta de Dios a lo que tanto estaban esperando y necesitando.
Esas pequeñas acciones son las que marcan la diferencia, y la mayoría de ellas, solamente necesitan un factor importante: A ti, con un corazón genuino, lleno de amor y listo para significar algo en la vida de alguien más.

Sé el: “aunque muchos se alejaron o me abandonaron, tú siempre estuviste allí” de los demás y nunca olvides que fuiste creado/a para marcar almas.

No sabes por cuánto tiempo alguna persona ha orado y pedido a Dios por un milagro en su vida,  y ese milagro puedes ser tú.

“Una alegría compartida es doble alegría, y una tristeza, es dividida”