¿Cambio o mejoro, o me quedo estancado? (Parte 1)

Somos suficientes para Dios, porque Él nos creó, no por nosotros mismos.  Podemos vernos y amarnos como Dios lo hace; cambiar lo que sea necesario; crecer en cada área de nuestras vidas sabiendo que Dios nos hizo con un propósito perfecto, pero está en nosotros el poder elegir tomar ese camino que tiene para nosotros o escuchar lo que el diablo quiere que creamos y así, detenernos, estancarnos o retroceder fuertemente.

 

Es tan cierto que hemos escuchado en muchas ocasiones (iglesia, familia, colegio) acerca del autoestima, frases como “Tu vales, tu eres suficiente, eres creado/a a la imagen y semejanza de Dios, etc.” Y sí todo eso es muy cierto, y aunque se siente gratificante cuando lo dicen, realmente no necesitamos escucharlo o que lo recuerden para realmente saberlo y hacerlo parte de nuestra vida (Por supuesto que con humildad).

 

Seguramente las heridas y momentos difíciles que transcurren en nuestra vida nos hacen pensar todo lo contrario y tener una idea equivocada de lo que realmente somos. Como una ruptura amorosa, el abandono de un ser querido, la pérdida de un trabajo, la baja economía. Y así poco a poco todo se torna en un constante “no puedo, no soy bella, no lo lograré” en nuestra mente y corazón.

 

Pero para salir de esa gran ignorancia, en primer lugar, todo comienza en reconocer que es Cristo en nosotros, lo que me lleva a recordar el versículo en Proverbios 3:5 que dice “Confía en el SEÑOR con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento.”

 

Si fuera por lo que nosotros podemos ser, demostrar o lograr por nuestra propia fuerza o habilidad, creo que sí, en muchas ocasiones nuestra autoestima se vendría abajo, no porque no valgamos, sino porque nuestra capacidad, inteligencia, belleza y todo lo bueno que nos caracteriza ha sido creado por Él, no por nosotros. Por eso lo que Él creo (solo lo bueno) nada ni nadie lo puede o debería quitar, cambiar o destruir.

 

Luego de reconocer y poder realmente hacernos acreedores de nuestra identidad en Cristo, debemos trabajar y pulir muchas cosas, que más que no nos agraden a nosotros, no agradan a Dios.

 

Verdaderamente, dejar lo que nos aleja de Él a un lado y permitir que Él pueda transformarnos. En romanos 12:2 dice: No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.

 

Al conocer a Dios y aceptarlo en nuestras vidas, encontramos nuestra identidad, dejamos que Él nos transforme y luego, trabajamos nosotros en y para su voluntad.

 

¿Qué debemos cambiar y dejar que Dios cambie en nuestras vidas?

Todos tenemos diferentes personalidades, tentaciones, decisiones y acciones que tomamos. Posiblemente lo que me está afectando a mí, puede ser que no sea problema para alguien más o viceversa.  Sin embargo, hay cosas en que todos como seres humanos e hijos de Dios debemos prestar más atención y trabajar y no solo se trata de lo espiritual, sino que en cada área de nuestras vidas.

 

La semana pasada conversábamos con una amiga, que está realizando un proyecto en las redes sociales (SOY 3) basado en nuestro espíritu, alma y cuerpo, lo que me dejo pensando en que estas son las tres áreas, en general, en las que debemos trabajar y las que al final de cuentas, nos representan.

 

En 1 de Tesalonicenses dice: “Que Él, el Dios de la paz, os santifique plenamente, y que todo vuestro ser, el espíritu, el alma y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo”.

 

¿Qué significan cada una de esas áreas y cómo podemos construirlas o reconstruirlas?

 

Cuerpo: “El cuerpo es el barro formado como humano y que algún día se hará polvo.” Cuando muramos nuestro cuerpo será lo quedará en la tierra.

 

Muchas veces nos quejamos de que estamos subidos de peso, que estamos muy flacos, que nos salen espinillas, etc.  Cada día es algo diferente que encontramos en nuestro físico que nos disgusta y sí, como dice en 1 de Samuel 16:7: “…La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón”. Sin embargo, Dios nos manda a hacer buenos administradores de lo que nos ha dado, esto incluye nuestro cuerpo. Cuando lo cuidamos y amamos, estamos demostrándole amor a Dios porque es su creación. También nos manda a ser esforzados y valientes, eso implica también esforzarnos y cuidar lo que comemos y bebemos; como nos vestimos, etc.

 

Podría decir que esta es una de las áreas que más me cuesta. A principio de año dije al aire en el programa que uno de mis propósitos para este 2017 era tomar agua pura (actividad que hacía de vez en nunca, o literalmente nunca). Me ha costado, pero lo he ido logrando poco a poco y debo aceptar que me encanta, sigo trabajando para ser una mejor versión de mi misma en esta área de mi vida.

Cuidar nuestro cuerpo, tratarlo con amor, comer saludable, realizar ejercicio, tomarnos un tiempo para asearnos y arreglarnos, no es producto de vanidad (claro que hay extremos), realmente es el resultado de la gratitud que hay en tu corazón con Dios por habernos formado de la espectacular manera en que nos hizo (siendo un poco modestos jaja) y decir: “Señor, seré un/a buen/a administrador/a de mi cuerpo.”

 

¡Cuídate, valórate y de vez en cuando también date tus gustitos!

 

Alma: “El alma es la esencia de nuestra vida.”

*Dato curioso: La palabra alma aparece 800 veces en la Biblia.

 

El alma somos nosotros, tiene que ver también con nuestras emociones y sentimientos; nuestra personalidad, lo que sale de nuestro corazón por nuestra naturaleza humana. Lo que nos hace pensar, actuar, hablar.

 

Cuidar nuestro corazón y lo que sale de él es tan importante porque habla de quiénes somos y damos.

 

Desde muy pequeña siempre me ha gustado orar y hablar de la misma forma con Dios en base a mis pecados, y no es que diga las mismas palabras cada día como que si solo fuera un ritual ¡Para nada! Pero me gusta centrarme en pedirle a Dios que el cuide mi mente de pensamientos negativos; mis ojos de ver algo contaminante; mis oídos de escuchar cosas que no debo; mi boca de hablar palabras destructivas; mis manos de tocar, crear o hacer algo que no está bien. Todo eso al final de cuentas entra y cae en nuestro corazón, lo daña y aleja de lo verdadero: lo espiritual.

 

Piensa antes de hablar o hacer algo, cuida lo que sale de tu alma, de tu vida. Recuerda en nuestra alma, está nuestra voluntad.

 

Espíritu: “El espíritu es el soplo de vida de parte de Dios.”

 

Sin duda este es el área de nuestra vida que más se nos dificulta, pero el más importante.  Nuestro Espíritu.

 

Cuando Jesús murió en la cruz, prometió dejarnos a su Espíritu Santo para guiarnos. La provisión de darnos al Espíritu Santo es para todos los que aceptan a Jesús como su Señor y Salvador personal y por ende, reciben el regalo de la salvación. “Cada uno de ustedes debe arrepentirse de sus pecados y volver a Dios, y ser bautizado en el nombre de Jesucristo para el perdón de sus pecados. Entonces recibirán el regalo del Espíritu Santo.” Hechos 2:38

 

El Espíritu es la fuente de poder y control de nuestras vidas, una vez nosotros lo permitimos, es cuando se une con nuestra alma a través de sus dones,

 

El “alma” es la visión horizontal del hombre con el mundo. El “espíritu” es la visión vertical del hombre con Dios.

 

En este caso o área, pidámosle a Dios que Él more en nosotros a través de su Espíritu Santo, para redargüirnos cuando estamos actuando mal y que nos dé el discernimiento para poder decidir en base a la voluntad de Dios para nuestras vidas. Que pueda constantemente trabajar en nosotros para ser mejores.

 

¡Al trabajar con y en nuestro cuerpo, alma y espíritu haremos un trabajo impresionante, que agradará a Dios, impactará vidas y nos hará sentirnos bien, cómodos y difíciles!

 

En esta primera parte de este tema, aprendimos las áreas en las que tenemos que trabajar cada día para ser mejores personas; encontrar nuestra verdadera identidad en Jesús y fortalecer nuestra fe en Dios y en lo que puede hacer en nuestras vidas. La próxima semana aprenderemos cómo podemos vernos tal y como Jesús lo hace, y reafirmar que somos creados por Él y que nacimos para Él con un propósito que va más allá de lo terrenal.

 

—By Stephanie Calvinisti